
Criterio Público — Investigación Especial
Influencers, bodegas y doble discurso: ¿una estrategia para manipular?
Durante su gestión como director del Departamento de Prosperidad Social (DPS), Gustavo Bolívar promovió la contratación de influenciadores para defender al gobierno Petro y atacar a la oposición. En agosto de 2024, publicó en redes:
“Busco influencers para desmentir las calumnias de la oposición, hacer pedagogía en temas que un sector de la prensa tergiversa…”
Una factura revelada por el concejal Daniel Briceño mostró pagos por 71 millones de pesos a creadores de contenido como parte de esa estrategia A. Sin embargo, en 2025, Bolívar denunció que influencers que antes lo apoyaban ahora lo atacan, acusándolos de estar “pagados por otros candidatos” B. Esta contradicción expone un patrón preocupante: quien antes operó bodegas digitales ahora se presenta como víctima de ellas.
Ética selectiva y oportunismo electoral
Bolívar propuso que todo contenido político pagado lleve el hashtag #PPP (Publicidad Política Pagada) .Aunque la iniciativa busca transparencia, llega justo cuando
pierde el respaldo digital que antes lo favorecía.
“Si algún día le digo a algunos influencers: ‘ayúdenme a promocionar esta campaña y les voy a pagar’, me comprometo a que le pondré ese numeral” C
Pero durante su paso por el DPS, no aplicó ese estándar ético, y ahora reniega de las mismas prácticas que institucionalizó. Esta postura reactiva sugiere una estrategia para reposicionarse como el “candidato limpio”, más que una convicción genuina.
¿Qué implicaría su estilo de liderazgo como presidente?
- Uso de recursos públicos para propaganda personalizada, sin etiquetado transparente A
- Contradicciones éticas: denuncia lo que antes promovió activamente D
- Manipulación del discurso digital: se presenta como víctima mientras oculta su rol como promotor de bodegas E
- Falta de coherencia institucional: propone reglas que él mismo no aplicó cuando tuvo poder F
Estas señales no solo cuestionan su credibilidad, sino que anticipan un estilo de gobierno donde la ética podría ser negociable según conveniencia política.
Gustavo Bolívar se ha posicionado como un reformador ético, pero sus antecedentes revelan una estrategia de comunicación basada en contratos opacos, propaganda encubierta y ataques coordinados. Si como director estatal promovió bodegas digitales, ¿qué garantías ofrece como presidente? En tiempos donde la democracia se juega también en redes, la ética no puede ser un hashtag, sino una práctica constante.







