
La condena de 12 años contra Álvaro Uribe no solo marca un precedente jurídico: revela una pulsión ideológica que convierte el estrado en tribuna política. ¿Qué clase de justicia trata a un expresidente como el peor criminal, mientras absuelve a quienes sí lo fueron?
El juicio que se convirtió en linchamiento
La sentencia contra Álvaro Uribe no parece el resultado de un proceso judicial imparcial, sino el desenlace de una narrativa construida para destruir su legado. La jueza que lo condenó no solo aplicó la ley: la usó como arma. Su tono, sus palabras, su actitud en sala, todo apuntaba más a humillar que a juzgar.
- 12 años de condena por manipulación de testigos, mientras otros con delitos de sangre caminan libres por el Congreso.
- Un trato hostil, casi vengativo, impropio de quien representa la majestad de la justicia.
- Una sentencia que parece escrita para Twitter, más que para los libros de jurisprudencia.
¿Justicia o espectáculo?
La jueza no se limitó a condenar: editorializó. Su lenguaje fue agresivo, su postura desafiante, su fallo cargado de adjetivos que revelan más animadversión que objetividad. En vez de aplicar la ley con rigor y equilibrio, convirtió el proceso en un acto de escarnio público.
- ¿Por qué ese tono inquisidor?
- ¿Por qué esa necesidad de exhibirlo como símbolo del mal?
- ¿Por qué ese silencio frente a otros actores del conflicto con crímenes mucho más graves?
El doble rasero judicial
La justicia colombiana parece tener dos varas: una para los exguerrilleros, llena de indulgencia y comprensión; otra para Uribe, cargada de severidad y desprecio. No se trata de defenderlo ciegamente, sino de exigir que el Estado no convierta sus instituciones en instrumentos de revancha.
- La JEP absuelve a criminales de guerra.
- La justicia ordinaria condena a Uribe como si fuera el jefe de una organización mafiosa.
- ¿Dónde está el equilibrio? ¿Dónde la proporcionalidad?
Este no es solo un fallo judicial. Es una declaración política.
Y cuando los jueces se convierten en activistas, la democracia tiembla.








