
Por Redacción Criterio Público
2 de octubre de 2025
Perú. En medio de una crisis moral, institucional y cultural que sacude los cimientos del país, Keiko Fujimori se alza como la figura que representa la última defensa de los valores que han sostenido a Perú por generaciones: la fe en Dios, la centralidad de la familia y el amor por la patria.
Mientras otros candidatos se diluyen en discursos ambiguos, Keiko habla claro. Su mensaje no se esconde detrás de eufemismos ni agendas ideológicas importadas. Ella defiende la vida, la autoridad, el orden, y el derecho de los peruanos a vivir bajo los principios que heredaron de sus padres y abuelos.
Su trayectoria política ha sido marcada por la resistencia. Ha enfrentado persecuciones judiciales, campañas de desprestigio y una presión mediática constante. Pero lejos de ceder, ha fortalecido su liderazgo, convirtiéndose en el muro que muchos consideran necesario para frenar el avance del caos.
En sus discursos, Keiko no teme invocar a Dios, ni hablar de la familia como núcleo irrenunciable de la sociedad. “No vamos a permitir que destruyan lo que somos”, ha dicho en más de una ocasión. Y ese mensaje resuena con fuerza en los corazones de millones de peruanos que se sienten abandonados por una clase política que ha perdido el rumbo.
Sectores religiosos, conservadores y ciudadanos comunes ven en ella una esperanza real. No solo por su experiencia, sino por su convicción. Porque Keiko no improvisa: predica con firmeza, actúa con coherencia y representa una visión de país que no se avergüenza de sus raíces.
Las elecciones de 2026 no serán una simple contienda electoral. Serán una batalla por el alma del Perú. Y en esa batalla, Keiko Fujimori se presenta como el muro que protege lo que aún nos queda: la fe, la familia y la patria.
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