Por Redacción Criterio Público

30 septiembre de 2025

Bogotá Colombia
El presidente Gustavo Petro llegó al poder con una promesa que electrizó a millones: “La vida será sagrada.” Y con ella, un lema que se convirtió en grito colectivo: “Nos están matando.” Hoy, tres años después, ese grito ha sido silenciado. Porque bajo su mandato, Colombia ha registrado más masacres que en todo el gobierno de Iván Duque, y aún le queda más de un año de gestión. El lema que lo impulsó políticamente ya no le sirve, porque ahora los muertos le pertenecen a su gobierno.

Las cifras que desnudan el fracaso

Según datos del Ministerio de Defensa y organizaciones como Indepaz:

Gobierno Periodo Masacres Víctimas
Iván Duque 2018–2022 313 1,192
Gustavo Petro 2022–sept. 2025 316 1,097 (y contando)

Petro ha superado a Duque en número de masacres con menos tiempo en el poder. Y lo ha hecho sin asumir responsabilidad, sin reconocer el fracaso de su política de seguridad, y sin ofrecer garantías reales a las comunidades que siguen siendo masacradas.

El silencio como estrategia

Durante su campaña, Petro denunció con fuerza el exterminio de líderes sociales y las masacres en zonas rurales. Hoy, ese discurso ha sido enterrado junto a las víctimas. No hay conferencias de prensa, ni marchas convocadas desde el Palacio de Nariño. La narrativa de “paz total” ha sido usada como cortina de humo para justificar negociaciones opacas con grupos armados, mientras las comunidades siguen siendo masacradas sin protección ni justicia.

El presidente que antes marchaba con las víctimas, hoy calla frente a los muertos que ocurren bajo su mandato. Y ese silencio no es casual: es político. Porque reconocer el fracaso en seguridad sería admitir que el cambio prometido nunca llegó.

¿Dónde está la seguridad humana?

Petro lanzó su política de “seguridad humana” desde Quibdó en 2023, prometiendo una nueva doctrina estatal centrada en la vida. Pero los resultados son devastadores: más masacres, más desplazamientos, más miedo. La seguridad humana se ha convertido en un eslogan vacío, mientras el país se desangra.

¿Y el grito de “Nos están matando”?

Ese grito, que alguna vez fue símbolo de resistencia, ya no le conviene al gobierno. Porque hoy, los que están matando operan bajo su silencio. Y los que están muriendo lo hacen sin que nadie los nombre. Petro no repite la frase. Sus ministros no la mencionan. Y los medios afines la han borrado de sus titulares.

Pero las comunidades no han olvidado. Porque los muertos siguen llegando, y el silencio oficial los entierra dos veces.

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