
Por Redacción Criterio Público
30 de septiembre de 2025
Bogotá, Colombia.
Iván Cepeda, senador del Pacto Histórico y figura clave del petrismo, ha vuelto a ondear las banderas del feminismo y la diversidad sexual en su precampaña presidencial. Lo hace con entusiasmo, con discursos inclusivos y guiños simbólicos. Pero detrás de esa retórica, hay una herida abierta: la traición política a los movimientos LGBTQ+ y feministas que ayudaron a Petro a llegar al poder y luego fueron marginados, silenciados y usados como decorado electoral.
Promesas para ganar, abandono para gobernar
Durante la campaña de 2022, el Pacto Histórico se presentó como el bloque más comprometido con los derechos de las mujeres y las diversidades. Cepeda, junto a figuras como María José Pizarro y Francia Márquez, prometió reformas estructurales, representación política real y garantías institucionales. Pero tres años después, las promesas se han evaporado:
- La Ley Integral Trans fue archivada sin debate.
- La reforma a la salud con enfoque de género fue desfigurada en el Congreso.
- Las protecciones a lideresas LGBTQ+ quedaron sin presupuesto ni ejecución.
- La violencia de género en territorios rurales fue invisibilizada por la narrativa de “paz total”.
Cepeda: el heredero del silencio
Iván Cepeda, que ahora busca consolidar su candidatura presidencial, evita compromisos concretos con los movimientos que lo respaldaron. En sus intervenciones públicas, habla de “unidad”, “derechos humanos” y “continuidad del cambio”, pero no menciona ni una sola vez la agenda LGBTQ+ ni los derechos de las mujeres. Para muchos activistas, ese silencio no es casual: es cálculo político.
“Nos usaron para llenar plazas, para pintar pancartas, para emocionar a la base. Pero cuando llegó el poder, nos borraron del mapa institucional”, denuncia una vocera de la Red Feminista del Sur.
El progresismo como táctica, no como convicción
La izquierda institucional ha convertido las luchas sociales en herramientas de marketing electoral. Las banderas de la diversidad y el feminismo se agitan en campaña, pero se guardan en los cajones del Congreso. Cepeda, que se presenta como garante de derechos, ha evitado confrontar al gobierno Petro por sus retrocesos, y ahora busca el respaldo de los mismos sectores que fueron traicionados.
La estrategia es clara: reconquistar el voto feminista y LGBTQ+ sin asumir ninguna responsabilidad por el abandono institucional. Es una operación de cosmética política, no de reparación.
¿Y ahora qué?
Los movimientos sociales enfrentan una disyuntiva histórica: seguir respaldando un proyecto que los invisibiliza, o construir una alternativa que no los use como símbolo, sino como protagonistas. Porque la traición no solo está en el incumplimiento, sino en el silencio cómplice.
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