
Por Redacción Criterio Público
29 de septiembre de 2025
En lo que va de 2025, más de 7.000 cristianos han sido asesinados en Nigeria por milicias islamistas radicales, grupos armados fulani y facciones yihadistas como Boko Haram y el Estado Islámico en África Occidental. La cifra equivale a un promedio de 32 asesinatos diarios, en su mayoría perpetrados en aldeas rurales durante ataques nocturnos con armas de fuego, machetes y fuego intencional. Las víctimas son civiles: agricultores, mujeres, niños, sacerdotes y familias enteras masacradas por su fe.
Estados bajo fuego: Benue, Plateau, Kaduna y Taraba
Los estados del centro y norte concentran la mayor parte de los ataques. En Benue, cientos de cristianos fueron asesinados en una sola noche este mes. En Plateau, más de 1.800 personas fueron desplazadas tras la quema sistemática de aldeas. Desde 2009, se han destruido más de 19.100 iglesias en Nigeria, lo que representa un promedio de tres templos cristianos devastados cada día.
Clero bajo ataque
El asesinato del padre Mathew Eya el 19 de septiembre, acribillado en la carretera Ehalumona-Nsukka, es solo uno de los 250 casos documentados de clérigos cristianos atacados desde 2015. La Conferencia Episcopal de Nigeria denuncia una escalada alarmante de violencia contra sacerdotes, muchos de los cuales son secuestrados para exigir rescates millonarios o simplemente ejecutados por su rol pastoral.
Complicidad estatal y omisión global
A pesar de las denuncias de organizaciones como Open Doors e Intersociety, el gobierno nigeriano ha sido acusado de inacción y complicidad pasiva. La comunidad internacional, centrada en otros focos geopolíticos, ha ignorado sistemáticamente esta crisis humanitaria. Mientras Gaza acapara titulares, Nigeria se convierte en el país más mortífero del mundo para los cristianos.
Criterio Público exige visibilidad, justicia y acción internacional.
El genocidio cristiano en Nigeria no es un conflicto tribal ni una disputa local: es una campaña sistemática de exterminio religioso. Y como tal, debe ser enfrentada con toda la fuerza de la palabra pública.
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