
El discurso del presidente Gustavo Petro ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, pronunciado el 23 de septiembre de 2025, ha generado una ola de reacciones tanto en Colombia como en el ámbito internacional. Lo que debía ser una intervención diplomática centrada en los desafíos globales y las prioridades nacionales, se convirtió en una pieza marcada por la confrontación ideológica, la omisión de temas críticos y una narrativa que muchos califican como polarizante.
Un discurso que incomodó a la audiencia
Desde los primeros minutos, Petro adoptó un tono desafiante. Se autodenominó “presidente descertificado”, acusó a gobiernos extranjeros de conspirar contra su mandato y defendió al Tren de Aragua, organización señalada por múltiples países como estructura criminal. La delegación estadounidense abandonó el recinto antes de que concluyera su intervención, en señal de rechazo.
Entre las frases más controversiales se destacan:
- “El Tren de Aragua no es terrorista.”
- “Trump lanza misiles sobre jóvenes pobres en el Caribe.”
- “La humanidad unida en sus diversas culturas es el nuevo sujeto político.”
Estas afirmaciones, lejos de generar consenso, provocaron desconcierto y preocupación entre diplomáticos, analistas y ciudadanos.
Silencios que pesan
Más allá de lo dicho, lo no dicho también fue significativo. Petro omitió referencias a los principales conflictos internos de Colombia: el aumento de homicidios en zonas rurales, el reclutamiento forzado de menores, los desplazamientos masivos y la crisis humanitaria en regiones como el Cauca, el Catatumbo y el Chocó. Tampoco mencionó a las víctimas de violencia ni a los líderes sociales asesinados en lo que va del año.
¿Retórica o estrategia?
Para algunos analistas, el discurso responde a una estrategia de victimización y posicionamiento ideológico en escenarios internacionales. Para otros, evidencia una desconexión profunda con las realidades del país y una falta de respeto por los espacios multilaterales. En ambos casos, el resultado es el mismo: Colombia queda representada por una narrativa que no refleja su diversidad, sus urgencias ni sus voces.
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