Gustavo Petro no está innovando: está repitiendo. Su modelo no es el cambio, es el calco. Cada paso que da lo acerca más al libreto chavista, disfrazado de justicia social. ¿Hasta cuándo vamos a llamar “progresismo” a lo que es, en realidad, populismo autoritario?

El guion ya lo conocemos

Petro no está improvisando. Está siguiendo un manual que ya devastó a Venezuela. Su discurso, sus reformas, su confrontación constante con las instituciones, su afán de concentrar poder, todo remite al mismo libreto que usaron Hugo Chávez y Nicolás Maduro para destruir la democracia desde adentro.

  • Deslegitimar al Congreso y a la justicia.
  • Militarizar el discurso político.
  • Polarizar al país entre “pueblo” y “oligarquía”.
  • Prometer una revolución ética mientras se acumula poder.

Cada una de estas tácticas fue usada por Chávez en los años 2000. Hoy Petro las recicla con otro nombre: “socialismo progresista”.

El progresismo como fachada

El llamado “socialismo del siglo XXI” no es más que una estrategia de marketing político. Se presenta como inclusivo, moderno, defensor de derechos, pero en la práctica:

  • Destruye la institucionalidad.
  • Persigue a la prensa crítica.
  • Premia la lealtad ideológica sobre la competencia técnica.
  • Divide a la sociedad para gobernar sobre el conflicto.

Petro no está construyendo un país más justo. Está sembrando las bases de un régimen personalista, donde el Estado se subordina al líder y la crítica se convierte en traición.

Colombia no es Venezuela, pero va en camino

Quienes hoy defienden a Petro como un reformador valiente ignoran —o prefieren ignorar— que Chávez también empezó así. Con promesas de justicia, con discursos contra la corrupción, con apelaciones al pueblo. El resultado fue una dictadura que destruyó la economía, exilió a millones y convirtió la política en culto.

  • Petro ataca a los medios, como Chávez.
  • Petro desprecia los contrapesos, como Chávez.
  • Petro quiere reescribir la historia, como Chávez.

El socialismo progresista es una estafa

No hay nada progresista en destruir la democracia. No hay nada moderno en repetir los errores del pasado. Y no hay nada ético en usar la pobreza como excusa para concentrar poder.


Petro no está cambiando a Colombia.
La está deformando.
Y si no reaccionamos, el chavismo tendrá una nueva sede en Bogotá.


Posted in

Deja un comentario