
Los falsos positivos son una tragedia que merece justicia. Pero ¿por qué los “progresistas” de Petro callan ante los crímenes sistemáticos de las FARC? ¿Por qué 18.000 niños reclutados, violados y usados como carne de cañón no merecen ni una sola marcha, ni un solo hashtag?
La doble moral como estrategia política
La izquierda petrista ha convertido los falsos positivos en su bandera moral. Y con razón: fueron crímenes atroces que deben ser juzgados. Pero lo que resulta repugnante es su silencio absoluto frente a los crímenes de las FARC. No hay pronunciamientos, no hay indignación, no hay exigencias de justicia.
- 18.000 niños reclutados por las FARC.
- Miles de menores violados, entrenados para matar, usados como escudos humanos.
- Cientos de testimonios ignorados por la JEP y por los “defensores de derechos humanos”.
Para los izquierdopatas de Petro, estos crímenes no existen. Son una “baratija histórica”, un daño colateral que no merece atención. Su narrativa es clara: si no sirve para atacar al uribismo, no importa.
La apología selectiva
Mientras hacen apología de los 6.402 falsos positivos, los crímenes de las FARC son relativizados, minimizados o directamente negados. ¿Por qué?
- Porque los victimarios son ahora aliados políticos.
- Porque el relato de “paz” exige borrar el pasado incómodo.
- Porque la izquierda necesita mártires, no verdugos.
Esta postura no es ética. Es propaganda.
¿Justicia o ideología?
La justicia no puede ser selectiva. No puede indignarse solo cuando conviene políticamente. Si los falsos positivos merecen condena, los crímenes de las FARC también. Y si los niños reclutados no generan marchas, es porque la izquierda ha perdido el alma.
- No hay justicia sin memoria completa.
- No hay paz sin verdad incómoda.
- No hay ética en callar ante el dolor de miles de niños.
Los falsos positivos no son excusa para justificar el terrorismo.
Y el silencio frente a los crímenes de las FARC es complicidad.
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