
Mientras miles de víctimas siguen esperando justicia, los excomandantes de las FARC se pasean por el Capitolio dando lecciones de moral. ¿Qué clase de democracia premia a criminales de lesa humanidad con poder político gratuito?
El pacto que traicionó a las víctimas
La implementación del Acuerdo de Paz con las FARC incluyó un punto que sigue siendo una herida abierta en la conciencia nacional: la entrega automática de curules en el Congreso a miembros del partido Comunes, sin que mediaran votos, méritos democráticos ni rendición de cuentas por sus crímenes. Esta concesión, disfrazada de inclusión política, es en realidad una humillación institucional para las víctimas del conflicto armado.
- ¿Dónde está la dignidad? Los mismos que ordenaron secuestros, masacres y reclutamiento de menores hoy se presentan como defensores de la ética pública.
- ¿Dónde está la justicia? Ninguno ha pagado cárcel efectiva por delitos atroces. La Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) ha sido más indulgente que rigurosa.
- ¿Dónde está la democracia? Las curules no fueron ganadas en las urnas, sino otorgadas como parte de una negociación política que ignoró el clamor ciudadano.
El teatro de la moral guerrillera
Resulta grotesco escuchar a voceros de Comunes hablar de “dignidad”, “reconciliación” y “justicia social” mientras evaden responsabilidades penales y se benefician de privilegios estatales. Su narrativa busca reescribir la historia, posicionándose como víctimas del sistema cuando fueron verdugos de miles.
- En debates legislativos, se presentan como referentes éticos.
- En medios, se victimizan y exigen respeto.
- En redes, dan cátedra de derechos humanos.
Este cinismo institucionalizado es una bofetada a la memoria de quienes murieron, fueron desplazados o perdieron a sus hijos por culpa de las balas y las bombas de las FARC.
¿Reconciliación o impunidad?
La paz no puede construirse sobre la base de la impunidad. La participación política de excombatientes puede ser legítima si hay verdad, justicia y reparación. Pero cuando se otorgan curules como premio, sin que haya arrepentimiento real ni condena efectiva, lo que se consolida no es la paz, sino la normalización del crimen.
Deja un comentario