
Por Redacción Criterio Público
Mientras Colombia atraviesa una de sus coyunturas más delicadas en materia de seguridad, institucionalidad y gobernabilidad, el presidente Gustavo Petro ha optado por proyectar liderazgo fuera de sus fronteras. Su visita relámpago a Haití, la segunda en lo que va del año, ha sido presentada como un gesto de solidaridad latinoamericana y cooperación Sur-Sur. Pero ¿qué significa este viaje en medio de la crisis interna que sacude al país?
Un viaje simbólico, una agenda difusa
Petro inauguró la nueva embajada colombiana en Puerto Príncipe y sostuvo reuniones con el Consejo Presidencial de Transición haitiano. Según el gobierno, se discutieron temas como seguridad, lucha contra el narcotráfico, educación y comercio A B. También ofreció entrenamiento policial y cooperación en producción de armas B C. Sin embargo, la prensa haitiana criticó el carácter hermético del encuentro y la falta de acceso informativo para medios locales A.
Haití como espejo y excusa
La narrativa presidencial insiste en que Colombia tiene una “deuda histórica” con Haití por su apoyo a la independencia sudamericana. Petro ha llamado a formar un bloque de “naciones progresistas” en América Latina B. Pero este discurso contrasta con la realidad colombiana: mientras el mandatario habla de paz regional, en el Catatumbo y otras zonas del país se vive una escalada de violencia que ha llevado al gobierno a considerar el estado de excepción D.
¿Diplomacia o distracción?
La visita ocurre en medio de una crisis institucional en Colombia: cambios en el gabinete, tensiones con Venezuela, y el caso aún sin resolver de los exmilitares colombianos implicados en el asesinato del presidente haitiano Jovenel Moïse D. La pregunta inevitable es si Petro está utilizando la política exterior como cortina de humo ante la falta de resultados concretos en casa.
¿Qué queda?
La apertura de una embajada, los discursos de unidad y los gestos simbólicos pueden tener valor diplomático. Pero en un país donde la inseguridad, el desempleo y la polarización crecen, la ciudadanía espera respuestas más allá de la retórica internacional. Haití necesita ayuda, sí. Pero Colombia también.
Deja un comentario