Por Redacción Criterio Público

Lo que comenzó como una fórmula histórica para transformar Colombia hoy se desmorona en público. Francia Márquez, símbolo de inclusión y justicia social, ha sido reducida a una presencia ornamental en un gobierno que prometía igualdad, pero practica exclusión. ¿Por qué Gustavo Petro no la deja encargada cuando se ausenta del país? ¿Por qué delega en otros mientras la vicepresidenta queda al margen?

De aliada a estorbo

Francia Márquez fue clave para consolidar el “Gobierno del cambio”. Su liderazgo afrodescendiente, ambientalista y feminista conectó con sectores históricamente marginados. Pero desde el primer año, Petro comenzó a desdibujarla: la dejó sola en eventos, le retiró el Ministerio de Igualdad y evitó incluirla en decisiones estratégicas.

Tensiones que ya no se ocultan

  • En el Consejo de Ministros del 15 de julio, Petro lanzó una frase que desató indignación: “A mí nadie que sea negro me va a decir que hay que excluir un actor porno”, en referencia a la oposición de Márquez al nombramiento de Amaranta Hank A.
  • Márquez ha denunciado racismo institucional y falta de respaldo: “No me han dejado gobernar”, afirmó tras ser apartada del Ministerio de Igualdad B.
  • La vicepresidenta ha sido excluida de actos oficiales, discursos presidenciales y decisiones clave. Incluso se ha insinuado su participación en un supuesto complot, lo que ella ha calificado como una maniobra racista y difamatoria C D.

¿Por qué no la deja encargada?

  • Control narrativo: Petro delega en figuras que refuerzan su discurso, no en quienes podrían cuestionarlo.
  • Temor a autonomía: Márquez ha demostrado pensamiento propio, lo que incomoda a un liderazgo centralizado.
  • Desconfianza política: Las diferencias ideológicas y personales se han convertido en una ruptura funcional.

¿Qué queda de la promesa?

La exclusión de Márquez no solo revela fracturas internas, sino que traiciona el discurso de inclusión que llevó al Pacto Histórico al poder. Hoy, la vicepresidenta no gobierna, no ejecuta, no decide. Es la figura decorativa de un cambio que se quedó en el eslogan.


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