
Por Criterio Público
Daniel Quintero Calle, exalcalde de Medellín y actual precandidato presidencial, se presenta como el rostro del “reseteo” nacional. Pero detrás de su discurso disruptivo se esconde una gestión marcada por escándalos, contratos opacos y una relación tóxica con la institucionalidad. ¿Cómo pasó de ser el alcalde más joven de Medellín a convertirse en uno de los políticos más cuestionados del país?
El saqueo de la caja menor
La Procuraduría investiga a Quintero por el uso indebido de los Fondos Fijos Reembolsables de la Alcaldía, una especie de “caja menor” destinada a gastos urgentes. Entre 2020 y 2023, se registraron compras en restaurantes de lujo, cigarrerías, supermercados y floristerías, muchas de ellas sin justificación legal A.
Los gastos superaban incluso el salario del alcalde, y se sospecha que se usaron para fines personales. ¿Gobierno popular o administración de bolsillo?
El escándalo de Aguas Vivas
Quintero enfrenta cargos por interés indebido en la celebración de contratos y prevaricato por acción, relacionados con la modificación del uso del suelo en el lote Aguas Vivas B. La Fiscalía sostiene que se favoreció a terceros con una compensación urbanística de 44.000 millones de pesos, violando normas de planeación.
Este caso revela un patrón de gestión orientado al beneficio privado, disfrazado de desarrollo urbano.
El cártel de contratación
Durante su mandato, la veeduría Todos por Medellín denunció un presunto cártel de contratación por más de 120 mil millones de pesos, adjudicados a empresas sin experiencia o con vínculos políticos C. La opacidad en los procesos y la concentración de poder en su círculo cercano fueron constantes.
Incluso su exsecretaria de Educación fue cobijada con casa por cárcel por corrupción en el programa de alimentación escolar.
Suspensión por participación política
En 2022, la Procuraduría suspendió a Quintero por tres meses tras un video donde decía “el cambio en primera”, en clara alusión a la campaña de Gustavo Petro C. La sanción evidenció su uso del cargo para fines electorales, violando la neutralidad institucional.
El estilo confrontacional
Quintero ha convertido las redes sociales en su principal tribuna. Recientemente, llamó “muñeca de la mafia” a la periodista Vicky Dávila y acusó a los medios de perseguirlo D. Su narrativa victimista y agresiva busca deslegitimar cualquier crítica, mientras se posiciona como el “outsider” que enfrentará a la élite.
Pero, ¿puede alguien que gobernó con opacidad y desdén por la institucionalidad ser el líder que Colombia necesita?
¿Presidenciable o populista?
Quintero dice que lo quieren sacar de la carrera presidencial con “denuncias pendejas” D E. Pero los hechos hablan por sí solos: una gestión marcada por el derroche, el clientelismo y el desprecio por la legalidad.
Su aspiración a la presidencia no es solo una ambición personal, sino una amenaza para quienes creen en la transparencia, el debate serio y el respeto por las instituciones.
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