Por Redacción de Criterio Público

Mientras el presidente Gustavo Petro se erige como defensor global de los derechos humanos en Palestina, los niños colombianos siguen enfrentando abandono, violencia y desplazamiento. En la Conferencia Ministerial de Emergencia sobre Palestina, celebrada en Bogotá, Petro denunció que “no podemos estar con ejércitos que tiran bombas a los niños” y ordenó suspender la exportación de carbón a Israel, afirmando que “el país de la vida está causando muerte”.

¿Solidaridad internacional o doble moral? Petro anunció la creación de un servicio de atención médica para niños palestinos heridos por los bombardeos D E. Incluso propuso traer entre 35 y 50 menores a Colombia para ser atendidos en el Hospital Militar F. Aunque el gesto humanitario es loable, surge una pregunta inevitable: ¿dónde está esa misma urgencia por los niños de La Guajira, del Chocó, de los territorios olvidados por el Estado?

Niñez colombiana: entre el olvido y la violencia

  • En zonas rurales, miles de niños sufren desnutrición crónica sin acceso a servicios básicos.
  • El reclutamiento forzado por grupos armados sigue siendo una amenaza latente.
  • Las masacres, el desplazamiento y el abandono escolar son parte del día a día en regiones como el Catatumbo y el Cauca.

¿Luz para Palestina, oscuridad para Colombia? La imagen de Petro junto a un cuadro de un niño palestino en la Casa de Nariño desató críticas por parte de sectores que lo acusan de reemplazar símbolos patrios por gestos simbólicos internacionales G. Mientras tanto, no hay cuadros ni discursos sobre los niños colombianos que mueren por falta de atención médica, por balas perdidas o por hambre.

¿Busca Petro reconocimiento internacional? Su discurso en foros globales, su ruptura con Israel y su propuesta de crear un “ejército de la luz” para enfrentar a Europa , parecen más alineados con una estrategia de posicionamiento internacional que con una política coherente de protección infantil en casa.


Colombia necesita un presidente que defienda la vida en todos los territorios, no solo en los escenarios diplomáticos. Porque si los niños palestinos merecen atención, los colombianos también merecen justicia, protección y verdad.


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