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El 15 de julio, el presidente Gustavo Petro apareció en cadena nacional para abordar la crisis de las EPS en Colombia. Lo que pudo haber sido una intervención esclarecedora se convirtió en una alocución marcada por frases ambiguas, acusaciones sin pruebas y una confusión que desató críticas en medios, redes y círculos políticos.

Lo más polémico Petro denunció que 2.71 billones de pesos destinados a las EPS habían desaparecido y atribuyó la situación a un supuesto “robo de GPS”, en referencia a la falta de trazabilidad de los recursos. Sin embargo, no presentó informes técnicos, auditorías, ni evidencia que respaldara sus afirmaciones.

Reacciones inmediatas

  • Semana lo tildó como un “bochorno presidencial sin respaldo técnico”.
  • El Espectador destacó la gravedad de acusar a las EPS de delitos sin pruebas contundentes.
  • Analistas como María Andrea Nieto y Daniel Coronell llamaron la atención sobre el deterioro del discurso presidencial en momentos clave.

Impacto político y comunicativo

  • La narrativa oficial sobre salud perdió credibilidad ante la falta de rigor.
  • Se intensificaron las tensiones con gremios médicos y entidades privadas.
  • La ciudadanía se quedó sin respuestas claras frente a la situación real del sistema de salud.

¿Una denuncia o un desliz? Más que una rendición de cuentas, el discurso de Petro pareció un monólogo lleno de metáforas confusas y frases como “se robaron los GPS”, que oscurecen más de lo que explican. En tiempos donde cada palabra presidencial pesa, la falta de precisión no es un detalle menor: es una falla institucional.


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