Por Redacción de Criterio Público


El 15 de julio de 2025, durante una transmisión oficial y posterior consejo de ministros, el presidente Gustavo Petro pronunció una frase que desató una tormenta política y social: “A mí nadie que sea negro me va a decir que hay que excluir a un actor porno” A B. La declaración, dirigida al ministro de Igualdad Carlos Rosero, generó indignación por su tono racialmente insensible, especialmente viniendo de un mandatario que ha defendido públicamente la lucha contra el racismo y ha calificado la noción de “raza” como fascista.

¿Contradicción o cinismo político? Petro ha sido enfático en foros internacionales al denunciar el racismo estructural y la discriminación histórica contra comunidades afrodescendientes. Sin embargo, su frase del 15 de julio no solo contradice ese discurso, sino que lo deslegitima. Utilizar la condición racial como argumento para desautorizar a un funcionario es, en sí mismo, una forma de discriminación.

Reacciones inmediatas

  • NTN24 calificó la intervención como una muestra de “grietas internas y tensiones raciales” dentro del gobierno A.
  • Info NCN señaló que el uso de la raza como herramienta de poder contradice los principios de inclusión que el Ejecutivo dice defender B.
  • Líderes afrocolombianos y periodistas como Yesid Francisco Perea Mosquera denunciaron la frase como una traición a los votantes negros que apoyaron a Petro en las urnas C.

Impacto institucional

  • Se fractura la credibilidad del Ministerio de Igualdad.
  • Se debilita la figura de la vicepresidenta Francia Márquez, quien ha sido símbolo de lucha antirracista.
  • Se expone una incoherencia ética que afecta la narrativa presidencial sobre derechos humanos.

¿Qué significa esto para Colombia? En un país donde el racismo sigue siendo una realidad cotidiana, el lenguaje presidencial importa. No basta con discursos en foros internacionales: la coherencia comienza en casa. Petro ha demostrado que incluso los líderes que se proclaman progresistas pueden caer en prácticas excluyentes cuando el poder se convierte en trinchera.


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