El camaleón

Criterio Público — Investigación Especial


De la Ola Verde al oportunismo electoral

Claudia López irrumpió en la política colombiana como símbolo de renovación ciudadana, abanderando la lucha contra la corrupción y el discurso independiente. Sin embargo, su trayectoria revela una constante mutación ideológica que ha generado desconfianza incluso entre sus antiguos aliados. Ha transitado por el santismo, el petrismo, el fajardismo y ahora se presenta como “procentrista”, una etiqueta que parece más una estrategia de mercadeo que una convicción política.

“Hoy de izquierda, mañana de derecha, pasado mañana de centro, según su conveniencia” — Gustavo Bolívar A

Este camaleonismo ha sido criticado por figuras de todos los sectores, quienes señalan que López adapta su discurso según las encuestas, no por principios. Su reciente distanciamiento del petrismo, tras haberlo apoyado públicamente en dos elecciones, refuerza esa percepción.


Contradicciones éticas y alianzas cuestionables

Durante su gestión como alcaldesa de Bogotá, López promovió contratos con entidades vinculadas a su socio político Carlos Ramón González, quien hoy enfrenta una orden de captura por corrupción B. Aunque ella defiende la legalidad de esos convenios, su bandera anticorrupción se ve debilitada por estas asociaciones.

Además, su discurso contra el expresidente Álvaro Uribe —a quien acusó de haber sido elegido con apoyo paramilitar— ha generado una denuncia penal por injuria y calumnia .Si bien López cita sentencias contra Claudia López: del cambio al cálculo — el camaleonismo que desdibuja su liderazgo cercanas a Uribe, no ha presentado pruebas directas que sustenten sus afirmaciones, lo que ha sido interpretado como un intento desesperado por figurar en campaña.

“Por camaleona ya no tiene cabida en ningún lado, ni el petrismo, ni el santismo, ni el fajardismo. Nadie la quiere cerca por dañina y por no tener principios” — Sebastián López, concejal.


Fracturas internas y manipulación partidista

La crisis del partido Alianza Verde, donde López intentó imponer su candidatura presidencial, ha dejado al descubierto su estilo de liderazgo divisivo. Congresistas como Alejandro García denunciaron que López buscaba convertir el partido en una plataforma exclusiva para sus aspiraciones, ignorando otras voces y propuestas .

Su salida del partido en 2024, tras perder respaldo interno, y su intento de reconfigurar alianzas desde una supuesta “independencia ciudadana” refuerzan la idea de que su proyecto político se basa más en cálculo que en convicción.


¿Por qué sería una mala opción presidencial?

  • Inestabilidad ideológica: cambia de postura según conveniencia electoral.
  • Débil coherencia ética: denuncia corrupción mientras se asocia con figuras investigadas.
  • Estilo divisivo: fractura partidos y alianzas por ambiciones personales.
  • Narrativa oportunista: adapta su discurso a lo que las encuestas dictan, no a lo que el país necesita.

Claudia López se presenta como una alternativa democrática, pero su historial revela una figura marcada por el camaleonismo político, las alianzas cuestionables y el oportunismo discursivo. En un país que exige coherencia, transparencia y liderazgo firme, su candidatura representa más una estrategia de supervivencia electoral que una visión de Estado.


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